Rezension Diverdi Magazin ano XX n° 200 (febrero 2011) | Miguel Ángel González Barrio | 1. Februar 2011 Penúltimas lecciones
Los días 9 y ıı de mayo de 1952, un mes después de su despedida del Met y uno antes de grabar el mítico Tristán e Isolda con Furtwängler, Kirsten Flagstad ofreció sendos conciertos en el Titania Palast de Berlín con la Orquesta de la Ópera Municipal dirigida por Georges Sebastian y obras de Wagner y Strauss en atriles. Fue su debut y su despedida de la capital alemana. Audite los publica, con su proverbial calidad de sonido, completos (las partes cantadas) y a partir de las cintas originales del archivo de la RIAS. Los Wesendonck-Lieder Ilenan una importante laguna, pues en 1952 la voz estaba más fresca que cuando los grabó con "Kna" (1956, Decca). Y las Cuatro últimas canciones son técnicamente superiores a la grabación del ensayo del estreno (1950) con Furtwängler (Testament). En realidad son tres, pues la soprano omite Im Frühling por problemas de tesitura (ya en el estreno sustituyó el si natural por un fa#).
A punto de cumplir 57 años, la voz es aún gloriosa. Flagstad conserva buena parte de sus celebradas virtudes: canto relajado, control respiratorio ejemplar, ausencia de sonidos feos, graves imponentes, legato magistral, sutil regulación de las dinámicas. Los agudos, claro, no son tan limpios e impactantes como antaño. A veces son algo tirantes y abiertos (¡Ella, que siempre los daba cubiertos!) Y le cuesta apianar. Si las canciones no terminan de entusiasmar (Flagstad está aún calentando, Sebastian se muestra directo y poco fino), en los fragmentos operísticos los resultados son extraordinarios. Más desinhibida , la noruega sigue siendo Isolda y Brunilda formidable, olímpica en lo vocal, humana (enternecedor Lamento) en la expresión. Expresión que surge de la voz y no se sustenta en aspectos extrínsecos al canto, en inflexiones exageradas. Sebastian, teatral, volcánico, acompaña ahora con solvencia. La portentosa Escena del reconocimiento (Flagstad noble, alucinada, feliz, pero sin histrionismo, con un conmovedor pudor expresivo) hace añorar una Elektra completa.
A punto de cumplir 57 años, la voz es aún gloriosa. Flagstad conserva buena parte de sus celebradas virtudes: canto relajado, control respiratorio ejemplar, ausencia de sonidos feos, graves imponentes, legato magistral, sutil regulación de las dinámicas. Los agudos, claro, no son tan limpios e impactantes como antaño. A veces son algo tirantes y abiertos (¡Ella, que siempre los daba cubiertos!) Y le cuesta apianar. Si las canciones no terminan de entusiasmar (Flagstad está aún calentando, Sebastian se muestra directo y poco fino), en los fragmentos operísticos los resultados son extraordinarios. Más desinhibida , la noruega sigue siendo Isolda y Brunilda formidable, olímpica en lo vocal, humana (enternecedor Lamento) en la expresión. Expresión que surge de la voz y no se sustenta en aspectos extrínsecos al canto, en inflexiones exageradas. Sebastian, teatral, volcánico, acompaña ahora con solvencia. La portentosa Escena del reconocimiento (Flagstad noble, alucinada, feliz, pero sin histrionismo, con un conmovedor pudor expresivo) hace añorar una Elektra completa.