Rezension
Diverdi Magazin siglo XX, 199/enero 2011 | Miguel Ángel González Barrio | 1. April 2011
Yes, we "Kna"!
No es mucho lo que se conserva de los cerca de 200 conciertos que Hans Knappertsbusch dirigió a la Filarmónica de Berlín de Furtwängler y Karajan, tres cuartas partes de los cuales tuvieron lugar antes de 1944 (y más en giras por otras ciudades que en Berlín). Acabada la guerra, y revocada la prohibición de dirigir en 1947, "Kna" no volvió a tener jamás un puesto permanente. Aceptó invitaciones de Viena, Salzburgo, Munich (desde 1949), Berlín (desde 1950) y Bayreuth (desde 1951). Como ya había pasado en Salzburgo y Viena, el desembarco de Karajan en Berlín como sucesor de Furtwängler puso fin a una corta e intensa relación: 48 conciertos, 30 en Berlín y 18 en giras, la mayoría entre 1950 y 1952. Los últimos conciertos de "Kna" en Berlín, los días 14, 15 y 16 de abril de 1957 (Concierto para piano n° 2 de Brahms, con Arrau, Patética de Tchaikovski) se habían acordado antes de que Karajan firmase su contrato vitalicio (25 de abril de 1956).
En este rico legado buceó Tahra hace más de una década, publicando en cuidadas ediciones las grabaciones de estudio para la Reichsrundfunk (los Magnetofon-Konzerte) y algún que otro raro registro en vivo de los años 40, así como las grabaciones de los años 50 conservadas en el archivo de la RIAS, la radio del sector americano (hoy Deutschlandradio Kultur, en Berlín). Insiste ahora Audite con una caja de 5 compactos (no hay ningún inédito), Las grabaciones completas de la RIAS, que se supone reúne todo el material de posguerra. Sin embargo, la edición sólo recoge el periodo 1950-52 y hay cosas que han quedado fuera, como la grabación de estudio de la Obertura Coriolano de Beethoven del 6 de noviembre de 1950, publicada por Tahra, entre otros sellos, o el concierto del 8 o 9 de abril de 1956 (Concierto para orqu esta de Max Trapp, Kindertotenlieder de Mahler, con Lucretia West y Quinta de Beethoven), publicado parcialmente por Tahra. Si el sonido Tahra era ya muy bueno, el de Audite, a partir de las cintas originales de 76 cm/s, es milagroso, como ya tuvimos ocasión de comprobar en la caja dedicada a Furtwängler. La pasmosa calidad técnica de las cintas originales, cuidadosamente restaurada por Audite, nos introduce en la sala de conciertos.
La reaparición en Berlín (en el Titania Palast, cine reconvertido en sala de conciertos) tuvo lugar los días 29 y 30 de enero de 1950 con un programa "serio": las inacabadas de Schubert y Bruckner (en ese orden). La RIAS registró el segundo concierto. Ambas obras se grabaron en orden inverso la mañana del 28, sin público. La Sinfonía en si menor de Schubert, de lentísimo comienzo, para ir ganando impulso paulatinamente, recibió una lectura trágica, lacerante, dolorosa, con sobrecogedores pp de la cuerda grave y explosiones en ff (Andante con moto) que son gritos desesperados en medio de una paz resignada. Pocas músicas más apropiadas para concluir la velada que la Novena de Bruckner. Ésta, con fuerzas descomunales puestas en juego en el primer movimiento y detalles hoy en desuso como el exceso de vibrato o algunos glissandi en la cuerda, es la mejor de las tres conocidas de "Kna". Apenas hay diferencias de calado entre las interpretaciones con o sin público. En concierto se aprecia una mayor flexibilidad métrica, con "Kna" tomando la recapitulación del Allegro moderato de la Inacabada de Schubert claramente más rápido que la exposición (en la grabación sin público el lentísimo tempo del comienzo causó sorpresa en la orquesta, y hubo algún que otro desajuste), y reteniendo el tempo en los pasajes de transición.
EI 2 de febrero de 1950 (Audite lo data el 1) volvió con un programa "festivo", de "clásicos populares". A la obertura de Las alegres comadres de Windsor de Nicolai, especialidad de la casa (diez años después la grabaría para Decca), siguió una recia Sorpresa de Haydn, de humor chocarrero y enérgicos timbalazos. Lo mejor estaba por venir: una Suite del Cascanueces elegante, con una paleta orquestal refinada y variada, dejando dialogar libremente a la orquesta (una reciente reseña en el Frankfurter AlIgemeine Zeitung afirma que deja en la sombra a la novísima de Rattle con la Filarmónica de Berlín); una Obertura de El murciélago alevosa y descarada, orgiástica, con orquesta y director respirando al unísono. Esto tiene que haberse ensayado, no se pueden hacer las cosas que se oyen aquí, y que parecen incitar a un "ooo-oh!" de asombro del público, sin haberlo preparado. Para cerrar, una primorosa Pizzicato polka, con pizzicati potentes, retumbantes y un Bad'ner Mad'ln de Komzak libérrimo, gamberro, con rubati exagerados, paradas en seco, pisotones, todo con enorme gracia que desata el delirio colectivo sobre la peroración final. Este concierto es, en opinión del firmante, la joya de la caja, síntesis de "precisión, temperamento, alegría de vivir" y "auténtico reencuentro con la tradición de una época pasada, con el ritmo, la melodía de un tiempo sin preocupaciones", como señaló la prensa de la época.
EI 8 de enero de 1951 la RIAS grabó sin público la Octava de Bruckner, que "Kna" dirigió en el Titania Palast los días 7 y 8. Versión idiosincrásica, imperfecta, llena de pifias y desajustes, pero con gran fuerza interior, hipnótica. El sonido de la cuerda es áspero, deshilachado (chelos como lija), aristado, Ileno de flecos, viril. Los metales, como siempre, al límite (cobres del Juicio Final). Las maderas, sin calentar apenas, temblorosas, de rústico sonido. Con todo, se deja sentir una formidable mente rectora, que impone el orden en un soberbio Adagio que gana en intensidad desde la entrada de las arpas, con una cuerda alta candente (persisten las "colas") y un Finale más concentrado, con mayor implicación de la orquesta, en el que libera una energía descomunal, coronado por una devastadora coda.
El 29 de enero de 1952 se grabó en la Jesus-Christus Kirche de Berlín parte del concierto que se dio los dos días precedentes en el Titania Palast. El Concierto para violonchelo de Schumann (con Fournier) quedó fuera, y la obertura La danza, de Boldemann fue sustituida por el hermoso intermezzo de Las mil y una noches, de Johann Strauss II. La Octava de Beethoven recibió una interpretación exquisita, de proporciones más clásicas y perfiles más finamente delineados que la hercúlea de 1960 en Hamburgo. Como indica atinadamente Habakuk Traber en las excelentes notas, "Kna" revela el secreto de esta sinfonía: "una exploración del tiempo en varios niveles".