Cierto: la cubierta con la imagen de un pianista poco conocido acompañado por una bandera de Estados Unidos y un taxi amarillo de Nueva York, con el título American Recital no invita a fijarse mucho en el CD. Si pese a ello lo caogemos y le damos la vuelta, la cosa empieza a cambiar. Junto con autores prácticamente desconocidos (Gottschalk, Rzewski), aparecen los nombres de Gershwin, Glass y Barber. Ahí empieza a picar la curiosidad. Ahí surge la pregunta: “¿Vale la pena?”. La respuesta es un rotundo sí, por dos motivos.
Primero, estamos ante un CD muy especial, con un repertorio escogido con detalle y cariño para explicarnos una parte de la historia de la música que a menudo pasamos por alto: la música de los Estados Unidos. Inmediatamente piensa uno en un Cage, o en la aventura transatlántica de músicos como Dvorak. Pero hay mucha más vida ahí, y esta grabación lo demuestra con creces. American Recital es un retrato de la lucha interna de los Estados Unidos entre el legado europeo y la búsqueda de un lenguaje propio, aunque sea a base de recoger la influencia de la música negra.
Así pues, en quince tracks encontramos desde la imitación de los salones de París que hace Gottschalk hasta el minimalismo de Glass, pasando por el sabor jazzístico de Gershwin, la experimentación de Rzevski y la inspiración de Barber.
El segundo motivo para recomendar este disco es la excelente interpretación del pianista. Pese a tener una actividad concertística no muy abundante y casi exclusivamente circunscrita a su Alemania natal, Ulrich Roman Murtfeld es un pianista solvente, capaz de defender con eficacia un repertorio así de variopinto. Encontramos momentos sublimes, como la Meditación Religiosa de Gottschalk, seguidos del ritmo pegadizo que requieren los Preludios de Gerswhin y ese arrebato de virtuosismo que es la monumental sonata de Samuel Barber, con una memorable interpretación de la Fuga final.
En definitiva, un CD recomendado para los amantes del piano, que seguramente van a llevarse algunas sorpresas muy agradables. Salir de la zona de confort para adentrarse en lo desconocido, a veces, viene muy pero que muy bien. Este es un caso clarísimo.