Rezension
Diverdi Magazin ano XX n° 200 (febrero 2011) | Roberto Andrade | February 1, 2011
El pianista que no tenía apellido
Comenté en este Boletín, en el ya lejano año de 2002, varios CD que Testament dedicó al pianista británico Solomon Cutner (1902-1988), de nombre artístico Solomon a secas. Esta singular circunstancia sirvió a José Luis Pérez de Arteaga para titular un sustancioso ensayo sobre el pianista en Scherzo, en 1995; hoy lo tomo prestado para encabezar esta reseña. La imponente colección de 16 CD dedicados por Testament a este eximio artista, todos grabados en estudio en los años 40 y 50 para EMI, se enriquece con estos registros de la RIAS alemana fechados en febrero de 1956. Pocos meses después, en el verano de ese año, Solomon y Walter Legge hubieron de suspender – parecía que temporalmente – el proyecto, ya muy avanzado, de grabar las 32 Sonatas de Beethoven para piano, que hubiera competido con los ciclos de Kempff, Backhaus y el joven Gulda para el Nuevo formato del disco microsurco de larga duración. Pero el destino no lo quiso así, y las molestias en el cuarto y quinto dedo de la mano izquierda de Solomon, que los especialistas no acertaron a valorar, resultaron ser las primeras manifestaciones de un gravísimo problema circulatorio que, a fin de 1956, dejó hemipléjico a Solomon y cortó para siempre una carrera que comenzaba, por fin, a tener el merecido reconocimiento internacional. Treinta y dos años de vida le quedaron a Solomon, que pasó recluido en su hogar de Londres, cuidado por su esposa y apoyado por algunos colegas y amigos. Un muy triste final de una carrera que hubiera podido concluir gloriosamente: méritos artísticos no le faltaban a Solomon.
Buena parte de la música recogida en estos dos CD Audite figura en la citada colección de Testament, pero hay algunas novedades: los dos Intermezzi opus 118.6 y opus 116.4, más la Primera Rapsodia opus 79.1 nos recuerdan qué extraordinario intérprete de Brahms fue Solomon (¿hace falta mencionar los dos Conciertos para piano y orquesta, la Tercera Sonata para piano o las Variaciones Haendel?). También es novedad el precioso Concierto italiano de Bach, desgranado con una admirable claridad de líneas, a tempo constant en cada movimiento, pero sin el menor atisbo de lectura mecánica, que tanto puede perjudicar a esta bellísima música y a la melodía infinita de su andante, en particular. Excelente el trío de obras de Chopin, sobre todo la Fantasía en fa menor opus 49 y el hipnótico Primer Nocturno, opus 9.1, de matizadísima sonoridad; el Segundo Scherzo, sin duda arrebatador, suena un poco precipitado. Estas dos últimas piezas tampoco figuraban en la antología de Testament. El Carnaval de Schumann vuelve a ser memorable, como lo era el de Testament, y figura entre las referencias fonográficas de esta obra. Las dos Sonatas de Beethoven incluidas, opus 2.3 y Claro de luna opus 27.2, revalidan la excelsa calidad de Solomon como intérprete del músico de Bonn, sensible por igual a los aspectos clásico y romántico que alternan en estas dos sonatas de juventud.
En resumen, dos horas con Solomon en el estudio de la RIAS en Berlín, captadas con excelente sonido, eco de los recitales que ofreció en la capital alemana en febrero de 1956, son una fiesta para cualquier aficionado.