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ORF Ö1

Rezension ORF Ö1 Donnerstag 03. September 2015, Ö1 bis zwei | Nadja Kayali | September 3, 2015 Das Mandelring Quartett musiziert

Das Mandelring Quartett scheint sich Haydns Motto zu Herzen genommen zu haben, dass man in der Abgeschiedenheit "original" werden könne. Sie leben und proben in Neustadt an der Weinstraße in der Pfalz, und daher kommt übrigens auch ihr Name. Denn: wo der Wein wächst, wachsen auch Mandelbäume – und wo sie proben, wurde früher Wein gekeltert, Adresse: Mandelring.

Das Quartett besteht aus den drei Geschwistern Schmidt, bei der Bratsche kam es gerade zu einem Wechsel. Nach 16 Jahren Zusammenarbeit orientiert sich Roland Grassl neu, bleibt dem Quartett aber als Quintettpartner erhalten.

Das Mandelring Quartett hat mit seinen 27 CD Aufnahmen und 350 Werken im Repertoire ein großes musikalisches Spektrum. Zuletzt ist in vier CDs Felix Mendelssohn-Bartoldys Kammermusik für Streicher erschienen, ebenso akklamiert wie das Projekt Janáceks "Intime Briefe" mit Viola d´amore. Besonders hervorheben möchte ich die Gesamtaufnahme der 15 Streichquartette von Dmitrij Schostakowitsch. Eine Referenzaufnahme! Was aber noch mehr begeistert, ist, dass das Mandelring Quartett diese Qualität und Intensität auch bei einem Konzertmarathon wie 2011 bei den Salzburger Festspielen wahren kann. Damals hat das Quartett die 15 Streichquartette an zwei Tagen gespielt!
Record Geijutsu

Rezension Record Geijutsu August 2015 | Tsutomu Nasuda / Jiro Hamada | August 1, 2015 Tsutomu Nasuda: [...] Gleich ab dem "Concerto" von Stravinsky zeigt das Duo ein...

Tsutomu Nasuda:
[...] Gleich ab dem "Concerto" von Stravinsky zeigt das Duo ein fantastisches Zusammenspiel. Messerscharfe Rhythmik, artikuliertes Passagenwerk. Die Kompositionen von Nancarrow und Herrmann haben ebenso spannende Klänge. Man kann scharf geschliffene Anschläge und sehr sensiblen Sinn für Klänge hören, und es sind ohne Zweifel sehr durchdachte Interpretationen.
Nach zwei Werken der Moderne kommt dann der "Sacre", der einen ganz besonders frischen Eindruck hinterlässt. Es gibt da wunderbar farbige Klänge voller Imaginationskraft!

Jiro Hamada:
[...] Ihre außergewöhnliche Technik, ihr sehr intensiver und lebendiger Anschlag passen wunderbar zur Musik von Stravinsky und den zeitgenössischen Werken.
Überflüssig zu erwähnen, dass Ihr Zusammenspiel perfekt ist.
Die Klavierversion vom "Sacre" hat eine ganz eigene Attraktivität gegenüber der Orchesterversion, was von einigen hervorragenden Aufnahmen bewiesen wird. Diese Aufführung hat nun Qualitäten, die sie vorangegangenen Aufnahmen absolut ebenbürtig macht.
[...] ich bin sicher, man kann noch viele zukünftige Erfolge von diesem Klavierduo erwarten.
Diverdi Magazin

Rezension Diverdi Magazin 173 / septiembre 2008 | Santiago Martín Bermúdez | September 1, 2008 Böhm y las tres panteras

Cada vez más discos de Böhm
La discografía straussiana oficial, legal, de Karl Böhm ya era voluminosa y de enorme interés. Las cintas de radio, las tomas de teatros, las grabaciones más o menos piratas han enriquecido ese legado hasta un punto y unos niveles que acaso lleven a revisar al alza la aportación toda del de Graz a este repertorio. Y a otros repertorios, porque también hay por ahí mucho Beethoven, mucho Wagner de Böhm, que muestran tal vez que en vivo era más él, más artista y más sabio en la sala de conciertos y en el foso que en el estudio de grabación. El propio sello Golden Melodram ya tiene una Elektra dirigida por Böhm (Múnich, 1955, con Goltz, Jean Madeira, Leonie, Uhde y Klarwein). Y tamo Golden Melodram como Orfeo y otros sellos descubren poco a poco, año tras año, nuevos fonogramas del maestro austriaco que, como veremos, gozó de aprecio, respeto y admiración, pero siempre vio que se le negaba la categoría de "genial", reservada para arras. Esos fonogramas son a menudo straussianos, y enriquecen la aportación oficial del maesrro, cuya discografía del músico bávaro se extiende durante décadas, desde los redescubrimientos de los años 40, todavía durante los años del Reich; desde descubrimiemos como estos dos poemas sinfónicos con la RIAS que ahora comentaremos; hasta romas como la de esra Elektra de París que puede provocar no pocas sorpresas.

París, años 70
Un detalle que acaso no tenga demasiada importancia: la fecha que se nos indica para la Elektra parisiense es 21 de abril de 1973; acaso haya un error, y se trate de una fecha posterior más o menos exactamente en dos años. Habría manera de comprobarlo, pero ahora no tengo a mano los daros ni sé cómo buscarlos en Internet. En cualquier caso, ranto abril de 1973 como abril de 1975 significan una cosa, que tanto Birgit Nilsson como Astrid Varnay pueden parecer talluditas para estos cometidos. Pero cuando las oímos comprendemos que aquí la edad es lo de menos; es importante en otro sentido, como ahora veremos. Nacidas en 1918, ambas sopranos dramáticas suecas han transitado a Wagner y han hallado triunfos en determinadas obras de Richard Strauss. Y si las voces han perdido en tersura, en color o en emisión, no han perdido fuerza ni belleza ni capacidad interpretativa. Después de todo, Elektra no es belcantismo, sino todo lo contrario (tampoco se puede despachar gritando, por favor). Pero la capacidad de canto, y de ruptura de ese canto para acentuar la acción y situación dramáticas, eso lo dominan esros dos monstruos suecos. Por lo demás, tanto Elektra como Salomé son papeles de madmez, porque una voz demasiado tierna puede estropearse con esos cometidos exasperados. La propia Nilsson, nos recuerda Leonie R ysanek, esperó a sus cuarenta y muchos para enfrentarse a Elektra. Así la escuchamos en el registro de Solti para la Decca de Culshaw en 1965, esto es, el año en que Birgit cumple 47; el mismo año en que una toma de radio recuperada (como la que comentamos) nos la trae con Karl Böhm, Leonie y Regina Resnik. No ha pasado tanto tiempo entre ese 1965 del registro con Solti y de la roma vienesa con Böhm; estemos en el París del 73 o el del 75, apenas unos añitos no han empañado esa voz que convierte en canto el grito y que se enfrenta a todos y cada unos de los tres grandes personajes de esta tragedia con una capacidad física y una altura artística insuperables. Al lado, en frente, feroz, la Clitemnestra de Astrid Varnay, cantante que fue Elektra en más de una ocasión (se conserva un registro de Radio Colonia, con Leonie Rysanek en Crisotemis y Res Fischer en Clitemnestra, con Hotter todavía por ahí, como Orestes; Richard Kraus, director musical). Varnay impresiona con las oscuridades a las que consigue descender, con el dramatismo doliente y a la vez agresivo de su línea, de la soberbia construcción de su personaje. Todavía hará este papel con Böhm; no nos adelantemos.

Leonie, la dulce
Junto a estas dos panteras suecas nos encontramos a una straussiana de altos vuelos y fidelidad permanente al compositor y al repertorio, la austriaca Leonie Rysanek, ocho años más joven, pero que no las sobrevivió. Adelantemos que su Crisotemis está garantizada con una permanencia de la cantante en este papel durante poco menos de tres décadas. No hace falta indagar más, así que vamos a evocar a es ta cantante de otra manera.

Cuando Leonie hizo en La Zarzuela la Jenufa de Mario Gas, allá por 1993, tuve ocasión de entrevistarla para ABC. Pero recuerdo una entrevista suya espléndida, la realizada por Monique Barichella para L'Avant-Scene Opéra. El título ya lo decía todo: Nacida para cantar Strauss. Era lo que le dijo un día Karl Böhm, que había nacido para cantar Strauss. Y Leonie ha sido Helena en su periplo terapéutico con Menelao; ha sido Arabella, Danae, Ariadne, la Mariscala, la Emperatriz de La mujer sin sombra, e incluso Salomé, papel para el que supo esperar, de acuerdo con sus propios principios y observaciones. Pero, atención, en Elektra ha sido las tres protagonistas. Primero, durante unas tres décadas, interpretó Crisotemis, la dulce y vital, la que pretende huir de la muerte de aquella "casa" y familia. La voz ya algo oscurecida le permitió a Leonie enfrentarse en su madurez a Clitemnestra, pasar al otro lado de la vitalidad, a la lucha a muerte familiar. Y al final de la vida de Karl Böhm, éste le hizo una propuesta sorprendente: por una vez, interpretas Elektra. Cómo. En una película, la que va a rodar Götz Friedrich para Decca.

Un testamento
Así, en 1981, el mismo año en que fallece Böhm, sale esa película en la que está Leonie, a sus 55 años, por una vez y con la posibilidad de descanso vocal entre tomas, encarnando al rabioso retoño de los Átridas. Frente a Leonie, una Clitemnestra de lujo, Astrid Varnay, seis (u ocho) años después de la toma que ahora comentamos. Y Fischer-Dieskau, y Catharina Ligendza. Impresionante Böhm, que en buena medida, al final de su vida, se quita una espina, la de que él, siendo espléndido, no es genial en Strauss ni en otros repertorios que domina sobremanera. Porque ésa es una de las constantes de la crítica y de los aficionados, que Böhm es magnifico, pero no genial, que el genio straussiano es el de Solti, el de Karajan, el de Kempe, el de Clemens Krauss, el de Mengelberg o Fritz Reiner, entre otros.

Ciérrese el largo paréntesis dedicado a la entrañable, adorable Leonie Rysanek, que no olvidemos que también fue una maravillosa Desdémona o una incomparable EIsa. Paréntesis que ha compartido con Böhm por las razones que hemos visto. Y que conste que documentos como la toma parisiense que ahora recibimos demuestran que el director austriaco era un artista y que a menudo también rozaba lo genial, sobre todo en vivo, sobre roda en ese foso desde el que movía los hilos terribles de esta familia. De manera que, si bien no es ésta la referencia de Elektra, título muy bien servido en la fonografía, ni por calidad de sonido ni por otra razones; sí podemos decir que es un magnífico fonograma para el perfeccionamiento de lo que creemos conocer del todo y que aún nos reserva descubrimientos y sorpresas. No olvidemos las interpretaciones de un cantante británico mayor aún que las dos suecas, Richard Lewis, un Egisto histérico, como ha de ser, que todavía hizo este papel unos años después en La Zarzuela, en Madrid (1981, si no me equivoco, cuando se acercaba a los 70); y de uno bastante joven aún, el alemán Hans Sorin (Sarastro, Fafner, Ochs, Marke), que con su voz fuerte, oscura, poderosa, define muy bien su Orestes y redondea este reparto en el que muchos personajes son más o menos jóvenes, pero cuyas líneas, tesituras y alcance son para can tantes maduros. Buena forma relativa de la orquesta de la Ópera de París, en una toma que la prima, curiosamente, con relación a las voces. Ya decimos que, pese a encontrarnos a mediados de los 70 del siglo XX, la calidad de la grabación es inferior a lo que podríamos esperar para esos años. Pero el fonograma es impresionante y de una calidad artística superior.

Autobiografías Sinfónicas
Con las tomas de la RIAS retrocedemos unos 25 años. En el París de los 70 estamos en la paz, la Europa próspera y reconstruida, la reconciliación franco-alemana, todo eso. Pero en 1950-1951 en Berlin estamos en la ciudad sitiada, en la Europa demolida, en los primeros permisos para Böhm y Otros como él después del proceso de desnazificación, del que ahora se ríen muchos, pero que tenía una lógica perfecta, y que no fue llevado demasiado lejos, se diga lo que se diga. Böhm, como otros que se habían beneficiado de las prebendas hitlerianas, tuvo que sufrir un poco, y después se olvidó todo, y aquí no ha pasado nada. No es para quejarse, caramba, después de lo que se había hecho en nombre de Alemania y su cultura. Así que aquí tenemos a Böhm, en 1950-1951, ya "limpio", en Berlín, recién estallada la guerra fría y cambiados los adversarios y enemigos, frente a dos poemas sinfónicos autobiográficos de Strauss; uno, autobiográfico de verdad, el yo ideal o el ideal del yo, el Héroe, el Helden, frente a todos, los filisteos, los críticos y hasta la propia esposa. El otro, automoribundia (por decirlo en términos ramonianos), es una visión de la enfermedad, la crisis y la recuperación, algo que según el Strauss de veras moribundo de 1949 tenía mucho que ver con la realidad de la agonía. Strauss no se cortaba un pelo, como dicen los castizos, y ponía su yo heroico o su yo de mesa camilla (lntermezzo) como ejemplo favorito. Lo transfiguraba en piezas sinfónicas a mitad de camino entre lo puramente descriptivo y rapsódica y el entrevero formal de temas, células, motivos definidos por timbres o por dinámicas. De esos poemas sinfónicos de una época en la que aún no se dedicaba al teatro por completo, Muerte y transfiguración es una de las obras maestras; Vida de héroe es tal vez mayor aún, por capacidad de desarrollo, por conseguir una sinfonía en seis movimientos de desigual duración y no confesada discontinuidad, que se acerca a los cincuenta minutos, como si tal cosa, una obra tensísima , imparable, implacable, una pequeña maravilla 110 años después. Y aquí se requiere al gran concertador, al gran distribuidor de timbres, al maestro de la planificación sonora (que, lógicamente, en un registro como éste se pierde en buena medida), aquí se requiere a un Karl Böhm, alguien que trabajó desde muy joven con Strauss, y al que Strauss apreciaba y admiraba (a diferencia de Furtwängler, con el que no tenía buenas vibraciones, ya saben). Estas dos páginas no nos sonarán nuevas, pero sí claras en su complejidad de temas y colores, claras en su sonido histórico pero de muy buen nivel, claras en su secuencia y en su concepto. Son dos cintas de radio que se grabaron en la ciudad semidestruida y agobiada por el cerco soviético en esos dos años de comienzos de la década de los 50, tras la peor de las guerras. Fue en la Iglesia de Jesucristo, de Berlín-Dahlem, un 25 de marzo de 1950 (Muerte y transfiguración) y el 23 y 24 de abril del año siguiente (Vida de héroe). El aficionado sabe muy bien, sólo por los créditos, por la ficha del disco, si éste merece la pena. Esto es: acaso sobren tantas palabras.
Diverdi Magazin

Rezension Diverdi Magazin 173 / septiembre 2008 | Elisa Rapado | September 1, 2008 La elegancia del conocimiento

Si bien es sabido por todos, es difícil empezar una reseña sobre Fischer Dieskau sin recordar que nunca sobrarán palabras para alabar la apasionada defensa del patrimonio liederístico alemán llevada a cabo por este barítono durante muchos años, a través tanto de sus numerosas grabaciones y escritos como interpretando en concierto títulos infrecuenres, composiciones de autores menos conocidos etc. La exquisita formación del artista, uno de los mejores conocedores de las posibilidades sonoras de la lengua alemana, siempre fue su mayor baza a la hora de abordar el contenido temático y expresivo de los lieder, aunque con los años se le haya reprochado un excesivo intelectualismo.

Dieskau nos ofrece una selección de lieder dentro de los escritos por Wolf sobre poemas de Mörike grabada por los archivos de RIAS cuando el camante (de treinta años de edad) se encontraba indudablemente en su mejor momento vocal. Le acompañó entonces la pianista Hertha Klust. El sonido ha sido cuidadosamente remasterizado por Audite hasta un nivel de calidad irreprochable, por lo que puede apreciarse el brillo juvenil de la voz así como la adecuación expresiva al contenido: Bei einer Trauung (de irónico contenido sexual) y Selbgeständnis (lamento del hijo único) se dibujan a través de un fino sentido del humor, mientras que en Wo find ich Trost la súplica de consuelo es honda y desgarradora. La experiencia de Hertha Klust brilla con mayor luz en las piezas técnicamente más exigentes, como Begegnung, o a la hora de resaltar el peculiar cromatismo armónico de herencia wagneriana, presente en toda la obra de Wolf (Im Frühling).

Es de esperar que la aparición de nuevos volúmenes de esta serie nos desvelen otros bonitos secretos de los archivos de RIAS.
Diverdi Magazin

Rezension Diverdi Magazin 173 / septiembre 2008 | Arturo Reverter | September 1, 2008 En la búsqueda del éxtasis

A través de sus diez sonatas Scriabin nos cuenta, de manera sucinta, su evolución como músico, nacido a la sombra de la herencia de Chopin y Liszt, envuelto más tarde en refinadas sonoridades de aroma impresionista y entregado por último a la búsqueda de un misticismo que hoy nos parece un tanto demodé, pero que en su momento fue un poderoso acicate para que, en cualquier caso, el compositor nos ofreciera unos pentagramas muchas veces enigmáticos, siempre alucinados e intensos. Sombríos soliloquios, ramalazos y fulgores de una sorprendente luminosidad, sugerentes y repetitivos desarrollos, con soluciones armónicas y planteamientos acórdicos de rara originalidad, van construyendo el extraño mundo de este visionario. Su música, cada vez más concentrada, la persecución del acorde mistico otorgan una temperatura desusada a sus propues tas, en las que brilla un lenguaje que se mueve entre la ternura y la vigorosa expansión dramática. A veces, el compositor establece curiosas relaciones entre las notas y elementos naturales o sobrenaturales – Sonatas n° 2 y n° 10 – y otras encuentra, con inteligentes procedimientos cromáticos y empleo, si viene al caso, de intervalos elocuentes – tritono –, una dimensión demoníaca, cual es el caso de la Sonata n° 9, llamada Misa negra, una de las más conocidas de una colección escrita entre 1892 y 1913.

Hay también mucho de poético en las formulaciones de Scriabin, que se inspiró no pocas veces en escritos suyos o de su segunda mujer. Todo ello configura uno de los universos más sugerentes y excitantes de la literatura pianística que transcurre en la transición del XIX al XX. El músico supo concentrar magistralmente en estas sonaras, y en muchas otras composiciones – estudios, preludios, valses, poemas, variadas piezas –, todo ese turbulento mundo que le preocupaba, angustiaba y obsesionaba y del que emanaba un lirismo en ocasiones enfermizo pero siempre efectivo, incluso efectista, y, por supuesto, extraordinariamente atractivo y que tanto ha cautivado a los más grandes pianistas. Desde Sofronitsky a Horowitz o Gieseking, casi todos los artistas del teclado han buscado traducir a sonidos las peculiares, a veces tan lisztianas, partituras de nuestro compositor. Vladimir Stoupel es uno de los que últimamente se han interesado en él.

No conocíamos a este pianista ruso más que de lejanas referencias. No ha grabado demasiado. Por lo que hemos escuchado, es un excelente instrumentista y buen músico, que desarrolla, según se nos dice, también su actividad en el campo directorial y que reside en Berlín desde 1985. Es un artista todavía relativamente joven, que nos muestra en estas interpretaciones una considerable madurez intelectual y expresiva, un criterio musical de primer orden y una capacidad analítica que puede en ciertas oportunidades, no en todas, no estar de más en la exposición de obras frecuentemente alucinadas, que se nos ofrecen como fulgurantes perpetuum mobile de agitado discurrir, como atribuladas muestras de un postromanticismo casi liquidado.

Stoupel posee la técnica adecuada y el entendimiento justo para brindarnos unas interpretaciones que nos dejan ver las luces y las sombras de las composiciones, en ocasiones más bien esquinadas pese a su relativa brevedad. En general creemos que el artista frasea con pulcritud, con finura, con exquisita matización, respira con lógica y llega a establecer una atmósfera poética muy sutil en instantes muy definitorios, así en los soliloquios del Allegretto y el Andante de la Sonata n° 3 o en el comienzo, salvados los primeros compases, de la n° 5, sobre la que planea, no podemos evitarlo, la rupturista y abreviada recreación, ya casi histórica, de Richter (concierto en Varsovia, 1972). Pero Stoupel nos gusta mucho, por ejemplo, en el inicio, pianísimo, de la n° 4.

Nos parece que, con todas sus virtudes, su férreo control de acontecimientos, su mesura en los tempi, su equilibrio general, las interpretaciones de este pianista no están siempre embargadas de esa pátina arrebatada, de ese apasionamiento urgente, de ese relampagueo que antecede a la locura o al éxtasis que suele entreverar la mayoría de estas partituras y que podemos respirar y aspirar de una forma más virulenta, en otras aproximaciones salidas, por ejemplo, de las manos de un Ashkenazi, cuya integral (Decca) en dos CD, en lugar de tres, con el aditamento de otras piezas, es una excelente recomendación alternativa: o de las del joven Subdin, de quien hablábamos hace pocos meses. En todo caso, Stoupel es más fino y más sólido que otros pianistas que han grabado recientemente este corpus sonatístico, como Robert Taub (Harmonía Mundi) o Marc-André Hamelin (Hyperion).
Fono Forum

Rezension Fono Forum Oktober 2015 | Götz Thieme | October 1, 2015 Wie aus Samt

Jetzt ist schon wieder was passiert – um es mit Wolf Haas zu formulieren, der mit dem Satz einige seiner kauzigen Brenner-Romane würzt. Das Bass-Chassis der rechten Box hat angefangen zu spinnen, just zu Beginn der Sitzungen, bei denen die Herbst-Veröffentlichungen durchgehört werden sollen. Es schrammelt bei Bachs Goldberg-Variationen, der zweiten Aufnahme von Glenn Gould, die Sony Classical begleitend zur großen CD-Box herausgebracht hat – übrigens gibt es ebenfalls die erste Fassung von 1955 neu auf Vinyl. So geht das nicht, neben Goulds Singen lässt sich der Defekt nicht auch noch kreativ herausfiltern. Da bleibt nur ein Trip ins Ruhrgebiet, zum Vertrieb der englischen Lautsprecher. Während dort gemessen und beraten wird, was zu tun sei, muss eine kleiner dimensionierte Wiedergabekette mit dem erprobten Plattenspieler Dienst tun. Im Grunde die ultimative Herausforderung für den LP-Freund. Wird sich die klangliche Überlegenheit des Mediums auch im MittelfeId erweisen? Material bieten die Firmen genug, man kommt kaum nach ... Zum Beispiel dieses Miserere-Arrangement, erschienen bei Gramola (Vertrieb: Naxos), bei dem Vladimir Ivanoff – abkupfernd bei Jan Garbarek und dem Hilliard Ensemble – der himmlischen Allegri-Komposition eine Saxophonstimme hinzufügt: Das zeigt gleich , dass selbst die Otto-normal-Verbraucher-Anlage – sind nur die Komponenten gut abgestimmt – für beglückende Momente gut ist. Es kommt auf die Kunst des Masterings an. Genau das wird schlagend deutlich bei den auf 2250 Exemplare limitierten "Complete Concerto Recordings" von Martha Argerich und Claudio Abbado mit Konzerten von Mozart, Beethoven, Chopin, Liszt, Tschaikowski, Ravel und Prokofjew (Deutsche Grammophon, 6 LPs). Beinahe 50 Jahre kannten sie sich, im Beiheft ist ein Bild der Twens zu entdecken. Das war 1967 in Berlin, als sie ihre erste gemeinsame Aufnahme für da Label einspielten, Ravels G-Dur-Konzert und Prokofjews Drittes. Temperamentvolle Dialoge, frisch, packend, die bis heute begeistern. Leider erweist sich sofort beim A-B-Vergleich, dass die LP auf einem digitalen Mastering des analogen Originals basiert und jeder Wald-und-Wiesenpressung des Katalogklassikers aus den 70er- und 80er-Jahren unterlegen ist. Der digitale Zwischenschritt verflacht die Räumlichkeit, die Farbwerte verblassen, Argerichs temperamentvollen Glissandi zu Beginn des Ravel scheint der kinetische Schwung genommen zu sein: Das Timing ist gestört. Ganz anders dann der Fall bei der letzten Aufnahme von Abbado und Argerich – der Dirigent starb am 20. Januar dieses Jahres. Die Live-Mitschnitte von Mozarts Klavierkonzerten C-Dur, KV 503, und D-Moll, KV 466, entstanden im März und Juni 2013 beim Festival in Luzern. Nun ist die CD der LP unterlegen im Fluss und der Räumlichkeit. Die Aufführung selbst wirkt wie aus einem Guss, kein Solist hier, dort die Begleitung. Es macht den Hörer fassungslos, wie natürlich und einfach das klingt, das, was so selten und am schwersten in der Musik zu erzielen ist. Argerich verfügt über eine unendliche Fülle von Farben und Artikulationen – und ist dann ganz schlicht wie im Hauptthema des Mittelsatzes von KV 466. Buttrig, wie auf Samt, aber nie schlaff die rechte Hand, trotzdem prägnant die Gegenkraft der Linken.

Ein anderer großer Solist ist am 30. August 70 geworden: der Geiger Itzhak Perlman. Er hat sich längst in die Geschichte des Violinspiels eingeschrieben, steht in einer Reihe mit Heifetz und Michael Rabin. Begleitend zur Geburtstags-Box von Warner (77 CDs) gibt es das 1995 entstandene Album "The Perlman Sound" auf Vinyl; mit kleinen Stücken von Kreisler, Wieniawski, Tschaikowski, die Perlmans große Kunst zum Leuchten bringen. Trotz Vollfettstufe mit konzentrierter Tongebung, intensivem Vibrato bei Massenets "Meditation", Rachmaninow "Vocalise" und de Sarasates "Zigeunerweisen" – das ist schlank gedacht, unsentimental, ohne Schluchzer gespielt. Ein Fest für den LP-Aficionado. Zum Schluss eine weitere editorische Großtat des mit den Originalbändern arbeitenden Tonmeisters Ludger Böckenhoff von Audite, herausgekommen auf SACD und Vinyl (großzügig verteilt auf zwei 180g-Platten): Wilhelm Furtwänglers letzter Liveauftritt mit Beethovens Neunter 1954 in Luzern, drei Monate vor seinem Tod. Durch den korrigierten Stimmton, ohne künstlichen Hall ist man direkt im Geschehen. Der Dirigent und das Philharmonia Orchestra müssen sich erst finden, die Pauke ist im Scherzo nicht immer auf dem Punkt, sticht aber nicht so heraus wie bei früheren Überspielungen – aber dann ist der Furtwängler-Sound da: mit der unvergleichlichen Ruhe der LP noch eine Idee mitreißender, bewegender.

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