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Diverdi Magazin

Rezension Diverdi Magazin N° 160 / junio 2007 | Justo Romero | June 1, 2007 Fischer-Dieskau, veinteañero en Colonia

Fue en los primeros años cincuenta del siglo XX cuando Dietrich Fischer-Dieskau (Berlín, 1925) se consolidó corno una de las voces más valiosas de la cuerda baritonal. En aquellos años tempranos, su voz veinteañera se muestra especialmente fresca y vital, tan cálida y sensual como siempre, pero sin los excesos que en ocasiones llegaron a almibarar algunas interpretaciones futuras. Estos tres discos compactos que ahora presenta el sello Audite recogen grabaciones de este lozano Fischer-Dieskau, que habla ya el lenguaje de gran artista que siempre le ha distinguido. Los registros proceden de recitales grabados y promovidos por la radio de Colonia (la musicalísima WDR), ofrecidos en esa ciudad entre 1952 y 1955.

El repertorio no puede ser más oportuno: Schubert, Schumann y Brahms, tres compositores que han sido pilares permanentes de la larga carrera del hoy octogenario barítono. Impresiona, conmueve y encanta escuchar a este joven Fischer-Dieskau pIetórico e intimista, cargado de impulso y belleza vocal, pero también de instinto expresivo, de una asombrosa madurez y de ese modo de entender el Lied romántico que ha hecho de él intérprete único e inconfundible.

Las grabaciones suponen un inestimable documento sonoro, y poco o nada importa, que la calidad sonora de las grabaciones no alcance la sofisticación de futuros registros de estudio. La entidad de las versiones y el momento en el que éstas se producen compensan cualquier deficiencia. Todas las cualidades del arte de Fischer-Dieskau están ya poderosamente presentes en este joven barítono que por aquellos años cincuenta andaba por Bayreuth (Wolfram, Amfortas, Kurwenal, Telramund ...), y que en 1952 ¡con 27 años! había conmovido a todos cantado el Viaje de invierno en el Festival de Prades.

La voz, plena de armónicos y resonancias, se revela cálida, carnosa e intensamente Hermosa, y sirve un fraseo pleno de intencionalidad y agudeza, en el que cada palabra, cada sílaba, genera un universo expresivo implicado en el conjunto, como si fuera un mosaico en el que cada pieza, cada detalle cobra valory relieve. Todo suena espontáneo y minuciosamente calibrado a un tiempo. Verso y pentagrama, palabra y música, se abrazan asombrosamente en la inteligencia vocal del intérprete, que para esta larga serie de recitales contó con la implicada colaboración pianística de Hermann Reutter, Günther Weissenborn y Hertha Klust.
Diverdi Magazin

Rezension Diverdi Magazin N° 160 / junio 2007 | Justo Romero | June 1, 2007 Fischer-Dieskau, veinteañero en Colonia

Fue en los primeros años cincuenta del siglo XX cuando Dietrich Fischer-Dieskau (Berlín, 1925) se consolidó corno una de las voces más valiosas de la cuerda baritonal. En aquellos años tempranos, su voz veinteañera se muestra especialmente fresca y vital, tan cálida y sensual como siempre, pero sin los excesos que en ocasiones llegaron a almibarar algunas interpretaciones futuras. Estos tres discos compactos que ahora presenta el sello Audite recogen grabaciones de este lozano Fischer-Dieskau, que habla ya el lenguaje de gran artista que siempre le ha distinguido. Los registros proceden de recitales grabados y promovidos por la radio de Colonia (la musicalísima WDR), ofrecidos en esa ciudad entre 1952 y 1955.

El repertorio no puede ser más oportuno: Schubert, Schumann y Brahms, tres compositores que han sido pilares permanentes de la larga carrera del hoy octogenario barítono. Impresiona, conmueve y encanta escuchar a este joven Fischer-Dieskau pIetórico e intimista, cargado de impulso y belleza vocal, pero también de instinto expresivo, de una asombrosa madurez y de ese modo de entender el Lied romántico que ha hecho de él intérprete único e inconfundible.

Las grabaciones suponen un inestimable documento sonoro, y poco o nada importa, que la calidad sonora de las grabaciones no alcance la sofisticación de futuros registros de estudio. La entidad de las versiones y el momento en el que éstas se producen compensan cualquier deficiencia. Todas las cualidades del arte de Fischer-Dieskau están ya poderosamente presentes en este joven barítono que por aquellos años cincuenta andaba por Bayreuth (Wolfram, Amfortas, Kurwenal, Telramund ...), y que en 1952 ¡con 27 años! había conmovido a todos cantado el Viaje de invierno en el Festival de Prades.

La voz, plena de armónicos y resonancias, se revela cálida, carnosa e intensamente Hermosa, y sirve un fraseo pleno de intencionalidad y agudeza, en el que cada palabra, cada sílaba, genera un universo expresivo implicado en el conjunto, como si fuera un mosaico en el que cada pieza, cada detalle cobra valory relieve. Todo suena espontáneo y minuciosamente calibrado a un tiempo. Verso y pentagrama, palabra y música, se abrazan asombrosamente en la inteligencia vocal del intérprete, que para esta larga serie de recitales contó con la implicada colaboración pianística de Hermann Reutter, Günther Weissenborn y Hertha Klust.
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Rezension Diverdi Magazin N° 160 / junio 2007 | Justo Romero | June 1, 2007 Fischer-Dieskau, veinteañero en Colonia

Fue en los primeros años cincuenta del siglo XX cuando Dietrich Fischer-Dieskau (Berlín, 1925) se consolidó corno una de las voces más valiosas de la cuerda baritonal. En aquellos años tempranos, su voz veinteañera se muestra especialmente fresca y vital, tan cálida y sensual como siempre, pero sin los excesos que en ocasiones llegaron a almibarar algunas interpretaciones futuras. Estos tres discos compactos que ahora presenta el sello Audite recogen grabaciones de este lozano Fischer-Dieskau, que habla ya el lenguaje de gran artista que siempre le ha distinguido. Los registros proceden de recitales grabados y promovidos por la radio de Colonia (la musicalísima WDR), ofrecidos en esa ciudad entre 1952 y 1955.

El repertorio no puede ser más oportuno: Schubert, Schumann y Brahms, tres compositores que han sido pilares permanentes de la larga carrera del hoy octogenario barítono. Impresiona, conmueve y encanta escuchar a este joven Fischer-Dieskau pIetórico e intimista, cargado de impulso y belleza vocal, pero también de instinto expresivo, de una asombrosa madurez y de ese modo de entender el Lied romántico que ha hecho de él intérprete único e inconfundible.

Las grabaciones suponen un inestimable documento sonoro, y poco o nada importa, que la calidad sonora de las grabaciones no alcance la sofisticación de futuros registros de estudio. La entidad de las versiones y el momento en el que éstas se producen compensan cualquier deficiencia. Todas las cualidades del arte de Fischer-Dieskau están ya poderosamente presentes en este joven barítono que por aquellos años cincuenta andaba por Bayreuth (Wolfram, Amfortas, Kurwenal, Telramund ...), y que en 1952 ¡con 27 años! había conmovido a todos cantado el Viaje de invierno en el Festival de Prades.

La voz, plena de armónicos y resonancias, se revela cálida, carnosa e intensamente Hermosa, y sirve un fraseo pleno de intencionalidad y agudeza, en el que cada palabra, cada sílaba, genera un universo expresivo implicado en el conjunto, como si fuera un mosaico en el que cada pieza, cada detalle cobra valory relieve. Todo suena espontáneo y minuciosamente calibrado a un tiempo. Verso y pentagrama, palabra y música, se abrazan asombrosamente en la inteligencia vocal del intérprete, que para esta larga serie de recitales contó con la implicada colaboración pianística de Hermann Reutter, Günther Weissenborn y Hertha Klust.
Mannheimer Morgen

Rezension Mannheimer Morgen 22.03.2012 | urs | March 22, 2012 Bewegend

Fast unmittelbar nach dem Zusammenbruch im Verlauf des Zweiten Weltkriegs hat...
Diverdi Magazin

Rezension Diverdi Magazin N° 171 / junio 2008 | Elisa Rapado | June 1, 2008 La Bohemia sonriente

El encanto de la compilación de piezas para violín y piano de Dvorák que recoge este nuevo registro de Audite consiste en haber reunido las escritas o pensadas para intérpretes aficionados y niños con otras obras de mayor longitude, como son la Sonata en fa mayor o la Mazurca en mi menor. Cabe decir que, si bien ninguna de ellas ha pasado a formar parte del repertorio habitual de concierto, esta grabación resulta muy oportuna para rescatarlas del olvido, teniendo en cuenta sus características y virtudes.

Como nos recuerda Jaroslav Smolka, autor del breve libreto interior, el criterio para ,analizar la calidad de estas agradables miniaturas debería proceder del estudio de ellas mismas y no de su comparación con las colosales arquitecturas desplegadas por Beethoven o Brahms, cuyo modelo no se intenta seguir. El espíritu de la pieza lírica romántica, en su naturaleza compacta, aforística, se refleja aquí de una forma tan vívida como en Chopin o Kreisler. La misma esencia (heredada, por lo demás, de la propia literatura checa) transcurre por las venas de la Sonata, concebida como una afable yuxtaposición de caracteres y no como un reto formal. El desafío se plantea, en este caso, a los intérpretes, ya que para un músico profesional puede resultar más fácil brillar en los virtuosísticos pasajes de la mazurca que en las cautivadoras y sencillas frases de las piecitas románticas o la Sonatina, siendo esta última un ejemplo de la preocupación de los compositores (en la línea que une a Schumann con Shostakovich) por escribir buen repertorio para niños. En ese sentido, tanto Ivan Zenaty como Igor Ardasev se desenvuelven con total comodidad en un ambiente risueño, gracias a su buena comprensión del estilo y las peculiaridades de esta música.
Rohrblatt

Rezension Rohrblatt 1/2006 | January 1, 2006 Massonneau - Oboenquartette

Auch diese rundum gelungene Produktion wurde von Diether Steppuhn bereits ausführlich besprochen (siehe 'rohrblatt 4/2005). Aufgrund ihrer vorzüglichen Aufnahmetechnik sei sie jedoch der Vollständigkeit halber hier noch einmal aufgeführt. Die kleine aber feine Firma "audite" aus Detmold produziert neuerdings ausschließlich Mehrkanal-Hybrid-SACDs Das vorliegende Exemplar bietet brillanten Raumklang, ohne die ebenfalls opulent und plastisch klingende Stereoversion zu vernachlässigen.
Diverdi Magazin

Rezension Diverdi Magazin N° 170 / mayo 2008 | Mariano Acero Ruilópez | May 1, 2008 Trompeta marina

Nacido en la Baja Franconia y educado musicalmente en el seno familiar, Johann Valentin Rathgeber (1682-1750) fue religioso benedictino y uno de los compositores más populares en la Alemania católica de su tiempo. Popular y prolific, que entregó a la imprenta nada menos que 26 números de opus con música en su mayor parte religiosa. Y aunque por estos pagos es escasamente conocido – a finales de 2005, no obstante, apareció en este boletín el comentario de un disco monográfico suyo (CPO) –, en su tierra su popularidad no parece haber disminuido: superan ampliamente el medio centenar las referencias discográficas (muchas de ellas, eso sí, de proyección poco menos que local) con sus obras, muy apegadas, por cierto, a las coordenadas estilísticas de su momento. La que ahora nos llega, en el sello Audite, presenta, sin embargo, algunas pecuIiaridades y rarezas que le otorgan especial interés. Tiene como plato fuerte la denominada Misa de Muri, que Rathgeber compuso en 1731 para dicha abadía suiza y en su orgánico figura la trompeta marina, rarísimo instrumento monocordio de enorme tamaño cuyo timbre recuerda al de la trompeta. Thilo Hirsch, musicólogo, director y uno de los pocos intérpretes del citado instrumento, logró identificarla en 2002 y la grabó algún tiempo más tarde, precisamente en la preciosa capilla barroca en que se oyó por primera vez. En las voces de la Cappella Muriensis, acompañada por el Ensemble Arcimboldo, suena fresca y atractiva. El disco se completa con media docena de conciertos pertenecientes a la opus 6 del compositor para violín, clarinete (el primero, por cierto, que se editó para este instrumento) y trompeta, livianos y de agradable escucha. Y añade, además, una auténtica rareza: el primer concierto grabado para trompeta marina y orquesta (debido a un desconocido Christian Gottfried Telonius). Aunque sólo fuera por eso, el disco merecería la pena.
Diverdi Magazin

Rezension Diverdi Magazin N° 168 / marzo 2008 | Joaquín Martín Sagarmínaga | March 1, 2008 Dietrich Fischer-Dieskau

Dietrich Fischer-Dieskau tenía en su pasaporte artístico una doble nacionalidad: ópera y lied. Del lied fue el gran monopolista de su tiempo, liderando este campo durante muchos años, algo que casi se le reprochó cuando estaba en activo, sin que nadie pudiera negarle su altura de miras ni la grandeza incomparable de sus logros. Desconfiando de la pura belleza vocal y del sonido entendido en sí mismo, para él éstos eran só lo los medios con que desentrañar la unión profunda que hay entre una música y un texto. Entiendo que fue un ontólogo del lied, porque para él la verdadera interpretación, además de fundir la riqueza musical y poemática, revelaba también el verdadero ser de su transmisor.

Conocida era su predilección por Schubert, por Mahler, por Wolf. Son, pues, ejemplares sus ciclos Viaje invernal o La bella molinera, divididos mejor que con nadie al cincuenta por ciento con el pianista inglés Gerald Moore. Dieskau homenajeó al propio Moore a través, entre otras cosas, de una afelpada Nachtviolen que está entre lo más luminoso que alumbrara, como entre lo más oscuro se sitúa Um Mitternacht de Mahler, angustiosa deriva de un alma en pena en su noche de vela. Mahler admiraba a Wolf literalmente como autor de canciones perfectas. Dieskau abarcó veintenas de ellas, pero sobresalía en algunos Mörike: en las líneas largas y contritas de El enfermo curado en la esperanza; en la duplicación del averno que es Der Feuerreiter; en la furiosa arremetida contra las posaderas de un crítico, plena de un humor bizco, que es Despedida.

La ópera fue para él un ramal trenzado en los más variados intereses (en cristiano: que metió la nariz en todo). Con ella ganseó un poco en La flauta mágica de DG, pero a su vez, como Sprecher con otra multinacional, nos hizo pensar serenamente en Bach por su maestría en el recitativo. En Tannhäuser lograba la mejor versión posible de La cancíon de la estrella mediante la argucia de frasearla como si fuera un lied, si bien afrontar Parsifal con voz tan lírica y mordiente poco incisivo – con unos Erbarmen! de tallas tan pequeñas – hubiera precisado de argucias similares. En Verdi traía a primer término una voz sobremanera clara, así como un centro algo escaso y falto de slancio, que él sabía compensar con su dicción pura y un muy elaborado fraseo, principios activadores que permitieron buenas muestras de sangre verdiana en Rigoletto o Don Carlo. Con todo ello reunió su inabarcable legado dieskaugráfico.

En el Konzerthaus de Viena le vi una vez fulminar con los ojos a una pareja por abandonar la sala en mitad de su concierto monográfico sobre Hans Eisler. La pareja no sufrió, pues marchaba ya de espaldas al cantante. Se fueron tranquilos a su casa sin saber que Dieskau los reconocería en cualquier parte y volvería a clavarles esa misma mirada fría, esta vez de frente, por haber profanado aquella gran música del intelecto. Así era este inmenso artista. No es más que una anécdota, pero ilustra la feroz exigencia del barítono de los sonidos aflautados y la línea de canto sin parangón.
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Rezension Diverdi Magazin N° 168 / marzo 2008 | Joaquín Martín Sagarmínaga | March 1, 2008 Dietrich Fischer-Dieskau

Dietrich Fischer-Dieskau tenía en su pasaporte artístico una doble nacionalidad: ópera y lied. Del lied fue el gran monopolista de su tiempo, liderando este campo durante muchos años, algo que casi se le reprochó cuando estaba en activo, sin que nadie pudiera negarle su altura de miras ni la grandeza incomparable de sus logros. Desconfiando de la pura belleza vocal y del sonido entendido en sí mismo, para él éstos eran só lo los medios con que desentrañar la unión profunda que hay entre una música y un texto. Entiendo que fue un ontólogo del lied, porque para él la verdadera interpretación, además de fundir la riqueza musical y poemática, revelaba también el verdadero ser de su transmisor.

Conocida era su predilección por Schubert, por Mahler, por Wolf. Son, pues, ejemplares sus ciclos Viaje invernal o La bella molinera, divididos mejor que con nadie al cincuenta por ciento con el pianista inglés Gerald Moore. Dieskau homenajeó al propio Moore a través, entre otras cosas, de una afelpada Nachtviolen que está entre lo más luminoso que alumbrara, como entre lo más oscuro se sitúa Um Mitternacht de Mahler, angustiosa deriva de un alma en pena en su noche de vela. Mahler admiraba a Wolf literalmente como autor de canciones perfectas. Dieskau abarcó veintenas de ellas, pero sobresalía en algunos Mörike: en las líneas largas y contritas de El enfermo curado en la esperanza; en la duplicación del averno que es Der Feuerreiter; en la furiosa arremetida contra las posaderas de un crítico, plena de un humor bizco, que es Despedida.

La ópera fue para él un ramal trenzado en los más variados intereses (en cristiano: que metió la nariz en todo). Con ella ganseó un poco en La flauta mágica de DG, pero a su vez, como Sprecher con otra multinacional, nos hizo pensar serenamente en Bach por su maestría en el recitativo. En Tannhäuser lograba la mejor versión posible de La cancíon de la estrella mediante la argucia de frasearla como si fuera un lied, si bien afrontar Parsifal con voz tan lírica y mordiente poco incisivo – con unos Erbarmen! de tallas tan pequeñas – hubiera precisado de argucias similares. En Verdi traía a primer término una voz sobremanera clara, así como un centro algo escaso y falto de slancio, que él sabía compensar con su dicción pura y un muy elaborado fraseo, principios activadores que permitieron buenas muestras de sangre verdiana en Rigoletto o Don Carlo. Con todo ello reunió su inabarcable legado dieskaugráfico.

En el Konzerthaus de Viena le vi una vez fulminar con los ojos a una pareja por abandonar la sala en mitad de su concierto monográfico sobre Hans Eisler. La pareja no sufrió, pues marchaba ya de espaldas al cantante. Se fueron tranquilos a su casa sin saber que Dieskau los reconocería en cualquier parte y volvería a clavarles esa misma mirada fría, esta vez de frente, por haber profanado aquella gran música del intelecto. Así era este inmenso artista. No es más que una anécdota, pero ilustra la feroz exigencia del barítono de los sonidos aflautados y la línea de canto sin parangón.

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