Rezension
Diverdi Magazin N° 163 / octubre 2007 | Blas Matamoro | October 1, 2007
Brahms y el brahmsismo
Brahms, aparte de ser uno de los grandes, suele emblematizar al conservatismo estético. Frente a Wagner, doctrinal, revolucionario y anunciador de un futuro brumoso pero lleno de novedades, Brahms sería el albacea de una herencia de siglos, romántica en su materia y clásica en sus formas. De hecho, nunca coincideron en un género, si acaso en las canciones wagnerianas sobre textos de Frau Wesendonck, suerte de notas al margen de Tristán e Isolda.
Hoy podemos deshacer el tópico brahmsiano. Si bien don Hans se valió de estructuras heredadas y consolidadas, no lo hizo en plan reminiscente sino añadiendo elementos inéditos, renovando el legado a su manera. Así se lo reconoció nada menos que Arnold Schönberg y al tema dedicó un minucioso y bello libro Massimo Mila. La polémica sigue abierta, pues ¿hasta qué punto no conservó la dodecafonía el semitono, la escritura pentagramática y la orquestación de toda la vida?
Estos compactos nos ofrecen un curioso y necesario paralelo entre cuartetos de Brahms y de dos "brahmsistas" contemporáneos. En el caso de Heinrich von Herzogenberg, a su devoción se une la de su mujer Elisabeth, que se escribió con Brahms unas 250 cartas de amistad encendida, ruegos y partituras dedicadas. A Brahms le atraían las mujeres de sus amigos, como Clara Schumann. Dejémonos de freudismos.
En cuanto a Félix Otto Desoff, mucho menos recordado que el anterior, se trata de un director de orquesta y pianista muy cercano a la carrera del compositor magistral. Redactando música se consideró siempre una suerte de alumno preferido. O sea que, en ambos casos, estamos ante una suerte de círculo de trabajo y afecto que redunda en el ejercicio de un lenguaje común. Ni Herzogenberg ni Desoff fueron Brahms, pero quisieron ser como él y lograron enriquecer el mundo brahmsiano. Al lado del modelo no empalidecen ni piden disculpas. Inventan, escriben, corrigen y he aquí las pruebas de una admiración estimulante.