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Rezension Diverdi Magazin n°172 (julio-agosto 2008) | Arturo Reverter | July 1, 2008 Finura y sentido rítmico

Ferenc Fricsay tenía fama de severo, de infatigable trabajador, de constructor eficiente. Sin duda su preparación musical lo avalaba para elevar edificios sinfónicos de límpidas estructuras y para dotar del máxiImo equilibrio a las más intrincadas producciones operísticas. A poco de iniciar su actividad con la Orquesta RIAS de Berlín, que desempeñó un tiempo en paralelo con su rectoría de la Ópera del Estado, realizó la grabación de Die Fledermaus que determina esta crónica. Un logro que, extrañamente, ha permanecido oscurecido durante muchos años; hasta ahora.


Es una suerte que Audite lo haya recuperado, porque estamos, sin duda, ante una de las más jugosas y transparentes versiones fonográficas de esta magistral opereta. El director húngaro estaba en el secreto no ya de la precisión, de la exactitud del ataque -que lo convertía en un formidable intérprete de Bartók-, sino del balanceo. Sabía como pocos marcar un tempo férreo, animado con frecuencia, y, a la vez, jugar brillantemente con el rubato y manejar primorosamente el rallentando; lo que observamos en la esplendorosa obertura. El sonido, bien reprocesado, es el característico del músico: un punto agresivo, restallante en los acordes, ácido en los timbres. El fraseo es minucioso, rápido, de una urgencia que imprime al discurso movilidad, amenidad y comunicatividad. Realmente chispeante. En los diálogos, las réplicas son veloces, sin respiro; en una línea vitalista que envuelve a la narración en una fustigante proyección hacia un final acelerado.


Sin el encanto vienés de un Boskowsky, sin la sensualidad de un Karajan, sin el sello señorial de un Krauss y sin la espumosidad y fantasía de un Carlos Kleiber, este Murciélago es, sin embargo, una buena muestra de presteza, finura y sentido del ritmo. El reparto funciona bien, aunque hay que reconocer que no rodas las voces son de primera; ni están en las partes adecuadas. Así, el tenor ligero Helmut Krebs no nos parece el idóneo para vestir al cantante italiano. Las bazas fuertes están en la Adele de Rita Streich, que nos admira por su vibrato eléctrico y su precisión, y en el von Eisenstein del gran Peter Anders, papel que sirve con sobrados recursos y autoridad.
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Rezension Diverdi Magazin n°172 (julio-agosto 2008) | Pablo -L. Rodríguez | July 1, 2008 Karajan y el "fenómeno Toscanini"

Como les sucedió a tantos jóvenes directores germanos de los años veinte y treinta, Herbert van Karajan (1908 -1989) también sucumbió al "fenómeno Toscanini". Tras escucharle dirigir en Viena Falstaff y Lucia de Lammermoor en 1929, Karajan se volvió un acérrimo seguidor del gran maestro italiano; la precisión de su ataque, tempo, claridad sonora o la escrupulosa atención a los matices, propios de la tradición directorial italiana, coincidieron con el ideal de la joven estética de la "Nueva Objetividad" imperante en los países germanos durante el periodo de entreguerras. De hecho, además de combinar desde entonces el estilo de Toscanini a su propia tradición expresiva germana, Karajan descubrió con el maestro italiano una nueva concepción de hacer la música de Donizetti, Verdi y Puccini. Ello le permitió ahondar de un modo muy diferente a arras directores alemanes en el repertorio italiano)' desarrollar una inconfundible combinación de precisión y fluidez que podemos apreciar de forma más nítida que nunca en esta famosa grabación de 1949 con la que Audite inicia un ciclo de magníficas remasterizaciones radiofónicas dedicado al gran director salzburgués en su centenario.


Hoy se conocen hasta 19 grabaciones de Karajan del Réquiem verdiano, aunque de todas ellas ésta de 1949 es la primera y también una de las más intensas y emotivas. Y ello no sólo por haber sido grabada en vivo por la radio austriaca aliada, sino por la proximidad de la guerra en un país destruido y ocupado o por su compleja situación tras ser vetado por Furtwangler para dirigir ópera en el Festival de Salzburgo (en 1949 tan sólo dirigió este Réquiem y una Novena). Karajan consigue que la orquesta y el coro suenen a un nivel extraordinario y dispone de cuatro magnificas solistas, en especial Helge Rosvaenge (bellísimo su Ingemisco) o Boris Christoff (impresionante en el Confutatis).
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Rezension Diverdi Magazin n°172 (julio-agosto 2008) | Roberro Andrade | July 1, 2008 Elegancia suprema

Wilhelm Kempff grabó dos veces para DG la colección completa de los cinco Conciertos para piano
y orquesta de Beethoven, registros célebres mediante los que muchos aficionados hemos aprendido a amar estas obras admirables. Pero aun quienes posean uno de estos dos ciclos debieran escuchar
esta nueva versión, recuperada por Audite eo sonido espléndido, del Tercer Concierto que Kempff
tocó en Berlín, en 1971, con la colaboración de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín (la que en los años 50 y primeros 60 se conoció como RIAS) bajo la dirección de un joven -aunque ya consagrado- maestro de 40 años, Lorin Maazel.


Más de una vez hemos recordado aqui las palabras de Kempff a un aficionado: "no compre mis discos; vaya a mis conciertos". Y efectivamente, Kempff dio en éste lo mejor de sí mismo. Ante todo su sonido, tan bello y natural, que parece obtener sin esfuerzo, tan claro y transparente - muy
distinto del más rico, poderoso y profundo de Arrau- que permite al poeta y artista que era Kempff desarrollar su Beethoven carente de cualquier afectación pero elegante y elocuente, poético
e inspirado como muy pocos. Un Beethove que cautiva al oyente, al de entonces y al actual, fascinados por esa naturalidad de apariencia simpIe que encubre una lógica profunda, fruto de muchas horas de estudio y constante trabajo de depuración para llegar a la esencia de la obra, en
un largo viaje imelectual que muy pocos culminan. A mayor abundamiento, la ejecución de
Kempff es prácticamente impecable y se adorna, en el primer movimiento, con una cadencia del
propio pianista.


La colaboración de Lorin Maazel es idónea: a tenta , precisa y perfectamente calibrada en la
dinámica, de modo que el solista toca siempre sobre un tapiz sonoro que lo sostiene y proyecta
sin cubrirlo, en un diálogo constante en el que se comparten matices, tempi, fraseo y concepto de la
obra. La orquesta, precisa, afinada y de muy grata sonoridad, rinde al máximo bajo la guía de tan
ilustre maestro y el resultado es una de las mejores versiones que existen de este Concierto.


El CD se completa con una deliciosa interpretación de la Sinfonía 94 de Haydn, perfecta de ejecución,
impecable de estructura, transparente de planos y ágil de tempi que, aun sin pretensiones filológicas, suena hoy tan fresca como hace 33 años, cuando el público berlinés pudo disfrutarla. También aquí la calidad de la grabación es óptima.
Muy recomendable.
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Rezension Diverdi Magazin n°169 (abril 2008) | Blas Matamoro | April 1, 2008 Una recuperación franckiana

Curiosa es, por demás, la historia de esta obra. No aparece registrada en el catálogo de su autor ni fue ejecutada en vida suya. Por otra parte, su inscripción en el campo religioso la sitúa en las primeras épocas de su producción ya que, no obstante pasar sus últimos cuarenta años como maestro de capilla y organista en la parisina iglesia de Santa Clotilde, abandonó el mundo de la composición piadosa.

Se sabe que la tarea de escribir estas Siete palabras de Cristo en la cruz concluyó en 1859 pero sólo se estrenaron en 1977, gracias a que el estudioso Armin Landgraf halló su manuscrito en la biblioteca de la Universidad de Lieja en 1975. La presente versión, primera mundial, fue tomada en vivo en la Santa Cruz de Gmünd, en 1979, y masterizada en 1993. Su aceptación entre el público aficionado propuso una merecida reedición.
Un Franck relativamente joven (37 años) supo montar un complejo dispositivo donde el juego polifónico es esencial y aparece resuelto con extrema habilidad. Sin duda, el ejemplo oratorial de Mendelssohn está presente y colabora para exal• tar el aspecto dramático del asunto: las palabras finales que pronuncia el Dios encarnado, el Verbo hecho carne, mientras agoniza en su martirio. En su torno, el pueblo de Dios se muestra como multitud coral o como anónimos individuos que repiten, para los Tiempos, las memorables y patéticas sílabas del Redentor. Menos personal que otros aparatos comparables del mismo autor, devotos o profanos (Las beatitudes, Redención, Psyché), no dejan de ostentar, sin embargo, la segura y precio sa mano de quien supo suscribir todos ellos.
ORF Ö1

Rezension ORF Ö1 Dienstag 02. Oktober 2012, 13:00 Uhr | Gustav Danzinger | December 2, -1 Raumklang in Fülle und Pracht

In Venedig hatte man die vor über 400 Jahren faszinierende Wirkung erprobt, wenn mehrere Musikergruppen an verschiedenen Orten des Raumes singen oder ihre Instrumente spielen. Giovanni Gabrieli war ein Meister dieser Technik, die von seinem Schüler Heinrich Schütz noch weiterentwickelt wurde.

Auf den vier Emporen der Klosterkirche von Muri bei Zürich, deren zwei mit schönen historischen Orgeln ausgestattet sind, ist nun das Musizieren dieser mehrchörigen Literatur eine besonders feine Sache: Raumklang in kaum überbietbarer Fülle und Pracht. In ganz feiner Weise dargeboten von den solistischen Sängern der Cappella Murensis und den Instrumentalvirtuosen der "Cornets noirs".

Doch nicht nur in der frühen Barockzeit experimentierten Komponisten mit dem Raumklang. Das zeigen uns interessante und überraschende Werke von Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart und Frank Martin.

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