Rezension
Diverdi Magazin N° 161 / julio 2007 | Roberto Andrade | July 1, 2007
Mozartiano y antidivo
Nacido en Graz, Austria, Karl Böhm (1894-1981) siguió en principio los pasos de su padre, abogado, y se doctoró en derecho en 1919. Pero pronto pudo más la vocación musical y en 1920 debutó en su ciudad natal como director de ópera. Los primeros años de su carrera transcurrieron en Alemania, en Múnich, Darmstadt y Hamburgo, con el apoyo de Hans Richter, Karl Muck y Bruno Walter, hasta alcanzar en 1934 la titularidad de la Ópera de Dresde, en la que sucedió al exiliado Fritz Busch. Durante casi un decenio desarrolló allí una gran labor, en estrecha colaboración musical con Richard Strauss, de quien estrenó “La Mujer Silenciosa y Dafne”. Su buena relación con el nazismo le pasó factura cn la posguerra y hubo de sufrir un periodo de desnazificación de dos años, transcurrido el cual dió proyección internacional a su carrera: Austria y Alemania, por supuesto, pero también Milán y Nápoles, Londres y América, con especial presencia en Buenos Aires. Chicago y el Met lo acogieron a finales de los 50 y Bayreuth en 1962. Sus visitas a España fueron escasas.
Böhm alcanzó la cima de su carrera y el unánime reconocimiento internacional en los años 60 y 70, gracias a sus colaboraciones con las grandes orquestas de Berlín y Viena y la London Symphony, más las de los teatros de ópera de las ciudades citadas: todas ellas rendían al máximo guiadas por su batuta firme y segura, sus gestos sobrios pero eficaces y su infalible buen gusto. Pese a su rigor en los ensayos y su vivo genio, Böhm fue un director favorito de los Filarmónicos de Berlín y Viena, con quienes realizó magníficas grabaciones de los grandes clásicos, especialmente de las grandes óperas de Mozart y de los ciclos de sinfonías de éste, de Beethoven y de Schubert, además de muchas partituras de Richard Strauss, su autor preferido junto con Mozart. También briIló como intérprete de Haydn, Bruckner, Wagner y Alban Berg.
Audite nos lo presenta ahora al frente de la Orquesta de la Radio de Colonia, con dos significativas adiciones a su discografía, que hacen especialmente valiosos estos dos CDs: el “Concierto para violín no 5” de Vieuxtemps, con la interesante violinista Lola Bobesco - ¿recuerdan su CD Testament de música francesa, comentado en este Boletín? - y la “suite de EI Pájaro de Fuego” de Stravinsky, registros procedentes de un concierto celebrado en Colonia eI 5 de abril de 1963, que se completó con una notable “Primera Sinfonía” de Brahms de creciente intensidad (se advierte que la pista 3 del CD contiene no solo eI tercer movimiento, sino tambíen la introducción del cuarto; de ahí lo inhabitual de las duraciones). Pero lo más destacado de esta entrega son la “Sinfonía 28 K 200” de Mozart, de sobria elegancia y perfecta proporción y un sensacional “Don Juan” de Richard Strauss, obras umbas muy bien tocadas por la orquesta. Notable sonido.