Hay en este recital al menos una obra maestra, Mythes op. 30 (1915), tres movimientos del compositor polaco Karol Szymanowski, con episodios inspirados en la Fuente de Aretusa, en la alegoría de Narciso y en las Dríadas y Pan. Obra de primera madurez y vocación viajera hacia el fascinante sur, está interpretada con perspicacia (además de virtuosismo) por el violín de Stepan Hempel, acompañado por Daniel Seroussi. Es el momento culminante del CD, que está precedido por la versión de 1925 para violín y piano de las Cinq mélodies, compuestas por Prokofiev en 1920 para voz y piano, pensando en la soprano Nina Koshetz, ucraniana. Eran sus tiempos americanos, cuando llegó a Estados Unidos para comerse el mundo. En la escala de niveles artísticos, las Mélodies podrían considerarse detrás del tríptico de Szymanowski. Sorprende la versión para violín y piano (transcripción de Paul Kochanski) de la temprana Pavana para una infanta difunta de Ravel, y queda ahí, en el corazón del recital, como pieza encantadora y menor. Hay una rareza, no desconocida: la Fantaisie de Olivier Messiaen, descubierta mucho después de su muerte en sus archivos, hace pocos años, en 2007. Era la época poco anterior a la guerra, cuando estaba casado con Claire Delbos (Mi), que algo más tarde sufriría una larga enfermedad hasta morir en 1959. Y es una de las pocas obras de cámara de Messiaen, oscurecidas todas por el Cuarteto para el fin del Tiempo. Para concluir este recital que parece ir de una guerra a otra, Hempel y Seroussi eligen las cuatro animadas piezas separadas de la música incidental de Korngold para un montaje de Mucho ruido y pocas nueces, de Shakespeare (1920). Así, el recital mantiene un cierto equilibrio, en el que destaca la lectura de Mythes, sin que desmerezca el resto de un bello recital.