Rezension
Diverdi Magazin Junio 2009, Nr. 182 | Roberto Andrade | 1. Juni 2009
No va más
Tantas veces he ensalzado en este Boletín el arte excelso de Elisabeth Schwarzkopf –elmes pasado, sin ir más lejos– que el riesgo de repetir superlativos es difícil de evitar. Pero cualquier recital del periodo áureo de la soprano alemana, especialmente los años 50, es una fiesta para los aficionados a las voces, al bien cantar, al lied o a las tres cosas al tiempo. En el que Audite frece, la voz, captada en estudio en óptimas condiciones, deslumbra con su perfecta emisión, con una brillante proyección en el registro agudo –poco habitual en las voces alemanas– y con una inaudita capacidad para matizar el fraseo regulando el volumen, lo que se puede ilustrar, por ejemplo, con la dificilísima frase final de la tercera canción de Mignon, de Wolf. La Schwarzkopf era maestra en convertir cada lied –en esta ocasión, los de Wolf y Richard Strauss –en una joya única, de color, brillo y reflejos enteramente diferentes y deslumbrantes.
Examinemos de cerca un trío de lieder. En primer lugar, la emoción desbordante de Kennst du das Land, de Hugo Wolf, bellísima canción, favorita de la soprano y de cualquiera que se la haya escuchado: es difícil interpretarla mejor. En contraste, la dulzura de la Canción de cuna de Richard Strauss, que exige un control del aliento impecable para mantener ese legato etéreo sin el que la obra perdería su sentido; y el humor de Hat gesat o de Schlechtes Wetter, del mismo autor. El pianista colaborador es, en esta ocasión, el ilustre Michael Raucheisen, maestro de la soprano en los años 40 y marido de Maria Ivogün, profesora de canto de la Schwarzkopf. Con esos antecedentes, ¿puede alguien dudar de que la compenetración fue perfecta? Estupendo sonido, excelentes notas de carpeta de Detlef Giese, y textos en lengua original. No se lo pierdan bajo ningún concepto.