Rezension Diverdi Magazin 181/mayo 2009 | Blas Matamoro | 1. Mai 2009 El otro Franck
Gracias a un libro publicado en 1993 y cuyos autores, Paúl y Andreas Feuchte, son bisnieto y tataranieto de Eduard Franck (1817-1893), podernos saber de este músico olvidado, al igual que su hijo Richard, entre el glorioso follaje de la música alemana del Ochocientos. En efecto, no sólo hubo grandes nombres en la centuria, quitando a Beethoven, a caballo entre dos siglos, como Mendelssohn que fue amigo de Schumann que fue amigo de Brahms. También hubo nombres menores que no por serlo merecen el dudoso privilegio de la espera.
Nacido en Breslau y muerto en Berlín, Franck corre un riesgo añadido y es que si no se aclara su nombre de pila, cabe confundirlo fácilmente con el colega y belga César. Además, sus obras circularon poco y alguna debió ser editada postuma, por gestión de su hijo Richard, ya mencionado.
Nuestro Franck estudió piano privadamente con Mendelssohn y frecuentó a Schumann en su tertulia a menudo también musical. La influencia del primero es notable en su catálogo, mayormente compuesto por títulos de cámara. Le importaron las formas y su desarrollo sucesivo. Fue respetuoso con los esquemas heredados. Pasó de lado junto a la "nueva Alemania de la música" o sea la de Liszt y Wagner, sin inmutarse por ella. Cumplió su menester con aplicación y denuedo, no siendo arriesgado adjetivarlo de mendelssohniano.
Estos tríos son de factura límpida, eficaz y honesta. Revelan al dueño de una escritura pianística consumada, a partir de la cual trabajan los compañeros del grupo. Sus melodías son comedidas y de sabio despliegue. Sin exagerar los matices, se oyen los colores, si cabe la figura, que sugieren las timbraciones de los distintos instrumentos. Franck se propuso saber de lo que sabía la música de su tiempo. Estas son las pruebas de haberlo conseguido.
Nacido en Breslau y muerto en Berlín, Franck corre un riesgo añadido y es que si no se aclara su nombre de pila, cabe confundirlo fácilmente con el colega y belga César. Además, sus obras circularon poco y alguna debió ser editada postuma, por gestión de su hijo Richard, ya mencionado.
Nuestro Franck estudió piano privadamente con Mendelssohn y frecuentó a Schumann en su tertulia a menudo también musical. La influencia del primero es notable en su catálogo, mayormente compuesto por títulos de cámara. Le importaron las formas y su desarrollo sucesivo. Fue respetuoso con los esquemas heredados. Pasó de lado junto a la "nueva Alemania de la música" o sea la de Liszt y Wagner, sin inmutarse por ella. Cumplió su menester con aplicación y denuedo, no siendo arriesgado adjetivarlo de mendelssohniano.
Estos tríos son de factura límpida, eficaz y honesta. Revelan al dueño de una escritura pianística consumada, a partir de la cual trabajan los compañeros del grupo. Sus melodías son comedidas y de sabio despliegue. Sin exagerar los matices, se oyen los colores, si cabe la figura, que sugieren las timbraciones de los distintos instrumentos. Franck se propuso saber de lo que sabía la música de su tiempo. Estas son las pruebas de haberlo conseguido.